Cuando fui un misionero en México, Chihuahua
(2012-2014) Elder D. Todd Christofferson
me dio una gran lección de vida y esta fue que no necesitamos esperar la
eternidad para poder saber que el señor acepta nuestro servicio (DYC 97:8-9).
Desde entonces he querido cumplir aquellas palabras proféticas de un sirvo del
señor, sin duda cumplir mis convenios con sacrificio ha sido el mayor gozo que
he experimentado en mi vida. Creí haber aprendido todo lo necesario del
servicio en aquella ocasión pero no sabía que el señor tenía mayores enseñanzas
para mí al servir en mi llamamiento actual, como miembro del sumo consejo, mi asignación
con la obra misional ha sido una gran bendición, no puedo mencionar todas las
experiencias vividas pero he aprendido cosas específicas que me ayudaran en mis
futuros llamamiento, de mis compañeros líderes y de la presidencia de estaca
aprendí que hay prioridades y que nuestro servicio es necesario para bendecir
la vida de otros.
Comprendí
que no sólo basta con cumplir mis responsabilidades sino que es importante ser
un ejemplo, servir con tantas personas con experiencias ayudo que mi vida se
centrara en las cosas que más importan y eso ha marcado mi vida, vine a servir
a la estaca pensando que iba a aportar mucho de mí pero es más lo que me llevo
de lo que pude dar. gracias a mi llamamiento aprendí de grandes persona que me
enseñaron como prepararme para la vida familiar, conocí de manera más personal
al salvador, desarrolle mayor amor por
el templo, encontré al amor de mi vida, tengo el empleo adecuado para comenzar
mi familia eterna y he recibido un gozo que jamás pensé tener, y todo gracias
al señor, como podría no servirle a Él después de tantas bendiciones, sin duda
soy deudor y siempre lo seré, servir en esta gran causa es lo menos que puedo
hacer por él.
Ahora en mi nueva etapa de vida tengo los
mismos objetivos pero con la decisión de ganar la buena batalla y guardar la fe
mediante la fidelidad al señor sé que todos podemos en algún momento de la vida
sentir que nuestros sacrificios son aceptados por el señor y que él nos hará
producir como un árbol muy fructífero he aprendido que la ayuda más profunda
que podemos dar a nuestra familias y a nuestro prójimo es nuestra fidelidad al servir al señor.
Jossue Irias.
Barrio Veintiuno de Febrero.
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