Taller de Reparación de Celulares.





“Como discípulos de Cristo debemos dar de nosotros mismos, ya sea con nuestro tiempo, nuestras habilidades o nuestros recursos, para ayudar a aquellos que lo necesitan. Podremos cumplir mucho mejor con esa responsabilidad si tratamos de ser autosuficientes, ya que es imposible dar lo que no se tiene. Al utilizar prudentemente todo lo que el Señor nos ha dado, nos capacitamos para participar en la obra del Señor y proveer para los demás” (véase El proveer conforme a la manera del Señor: Guía para los líderes de bienestar, 1990, pág. 3).
Con la ayuda de nuestro Padre Celestial, podemos afrontar los desafíos de nuestra vida mortal con confianza y paz, y llegar a ser autosuficientes a la manera del Señor. Entre ello se incluye el darse cuenta de que necesitamos la ayuda del Señor en todo.


La autosuficiencia es una virtud santa; sin embargo, si no se le da al Señor el lugar que le corresponde, se vuelve un vicio que aleja a las personas de los senderos de la rectitud. Los santos, por ejemplo, deben tener confianza en sus propias habilidades, su propio empeño y juicio para ganarse la vida, para aumentar su fe y sus atributos de devoción, para procurar ganar su salvación, para pasar todas las experiencias de esta probación terrenal. Ellos deben saber que el Señor no ha colocado a Sus hijos en situaciones que estén más allá de la capacidad que tengan ellos para sobrellevarlas, que las pruebas y las tribulaciones normales de la vida son parte del sistema eterno. Por lo general los miembros de la Iglesia deben tomar sus propias decisiones personales, utilizando el albedrío que el Todopoderoso les ha dado, sin tener que ir corriendo a ver al obispo o a otras personas en busca de dirección.
“A pesar de todo, el hombre por sí solo no es completamente autosuficiente; no debe confiar exclusivamente en su propia fuerza ni en el brazo de la carne. El Señor es su Consejero y su Libertador, y el hombre debe confiar en Él para obtener guía, dirección e inspiración. Si el gran Creador no se hubiese ofrecido para redimir a todas los seres fruto de Su creación, el plan de salvación en pleno quedaría sin efecto y las manifestaciones más perfectas de autosuficiencia no tendrían ningún valor” (véase Mormon Doctrine, segunda edición, 1966, págs. 701–702).







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